La magia de estar solo Mi única compañía en este refugio es el ruido del viento en las ramas y el sonido de la fauna local. Es como si el mundo exterior se hubiera desvanecido, permitiéndome entrar en un estado de tranquilidad casi surrealista. En este entorno aislado, el tiempo parece detenerse. Observo la Luna entre las nubes y su brillo me hace sentir pequeño frente a la inmensidad del cosmos. Esa sensación de pequeñez se vuelve un vínculo íntimo con el suelo que piso y las estrellas que me vigilan.

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